Cuando una farmacia dice que “tiene ortopedia”, puede significar que conserva algunas referencias, que atiende encargos o que ha desarrollado un servicio profesional. Son realidades muy diferentes.

El catálogo es una pieza, no el modelo
Una categoría comienza por decidir qué necesidades quiere atender la farmacia y con qué nivel de profundidad. Esa definición condiciona las competencias del equipo, las familias de producto, el stock, los pedidos especiales, el espacio y los límites de derivación.
Cinco señales de funcionamiento por inercia
- Las compras dependen de lo que se compró el año anterior.
- Solo una persona responde con seguridad a las consultas.
- El equipo no distingue falta de demanda de oportunidad no detectada.
- No existe un procedimiento común para medir, entregar y explicar.
- La revisión se limita a facturación, sin margen, rotación o consultas no resueltas.
Trabajar como sistema
El modelo debe unir propuesta sanitaria, surtido, formación, operación, comunicación y control. Si una de estas piezas falla, las demás pierden eficacia: formar sin producto disponible frustra; comprar sin formar inmoviliza; comunicar sin protocolo aumenta el riesgo.
Empezar por una categoría concreta
No es necesario abordar todo a la vez. Una necesidad frecuente —movilidad, rodilla, baño o prevención de presión— permite diseñar el recorrido completo, medirlo y aprender antes de ampliar.
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